Una excelente manera de evitar la mala circulación es la práctica regular de ejercicio, como complemento, el agua puede acabar de estimular todo el cuerpo.
Ejercicio físico: el ejercicio físico debe instaurarse de forma progresiva e individualizada, siendo aconsejable el de tipo dinámico (caminar, nadar, montar en bicicleta, etc.) durante media hora, tres o cuatro días a la semana. Y es que los cambios positivos que se establecen con el ejercicio continuado incluyen: incremento de la potencia del corazón; la vasodilatación; se produce un descenso ligero en la presión arterial; elevación de los niveles de colesterol HDL "bueno"; disminución de la concentración de triglicéridos; ayuda en la pérdida de peso... La mejor actividad es la natación porque supone un gran ejercicio muscular en un medio en el que se pesa mucho menos, exento de presiones.
Benefivios del agua: el simple hecho de sumergirse en el agua ya tonifica todo el sistema circulatorio pues la presión hidrostática que ésta ejerce contribuye a que afluya más sangre al corazón, y a que éste bombee con más fuerza, tonificando todo el sistema venoso. Además, darse un baño de media hora resulta diurético y disminuye la tensión sanguínea. Del mismo modo, acabar la ducha diaria con agua fría en sentido ascendente activa la circulación; y realizarse duchas frías en los pies ayuda a prevenir las varices.
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