A partir de los 35 años, el organismo femenino comienza a sufrir una serie de desequilibrios hormonales.Es el preludio de lo que en un futuro, con la retirada de la menstruación, será la menopausia. Es en ese momento, hacia fos 50 años, cuando esos cambios se hacen más patentes ya que la mujer deja de segregar estrogenos. Esta es una hormona que interviene en tantas y tan importantes funciones que con su desaparición se produce un sinfín de alteraciones que afectan a varios aspectos de la vida de la mujer: sofocos, insomnio, irritabilidad, disminución de la libido, sequedad vaginal, sudores nocturnos, falta de elasticidad en la pief, dolores de cabeza, depresión... Además, con la desaparición de los estrogenos y otras hormonas, como la progesterona, crece el riesgo de sufrir algunas enfermedades:
• Osteoporosis. Una de las (unciones de los estrogenos es la de ayudar a fijar el calcio a los huesos, algo que desaparece con la ausencia de estas hormonas Por eso. en la menopausia se pierde masa osea y los huesos se vuchén más tragues. Para contrarrestar este peligro, es obligado reforzar el aporte de calcio.
• Lesiones cardiovasculares. Otra función de los estrogenos es relajar los vasos sanguíneos, facilitando asi la llegada de sangre al corazón Al desaparecer esta hormona, sube el coleste rol malo y, con ello, aumenta el nesgo de infarto.
Para prevenir estas enfermedades y aliviar las alteraciones de la menopausia, la medicina clásica apuesta por la utilización de la llamada Terapia Hormonal Sustitutiva (THS), en la que se aplican estrógenos de origen químico de muy diversas formas (en parches, pastillas o en cremas) y progesterona. Pero el problema es que, aunque nadie niega la utilidad de esta terapia, parece que estos estrógenos sintéticos pueden aumentar el riesgo de sufrir cáncer de mama y de cérvix, aunque las últimas investigaciones no han podido demostrar este dato. Sin ser tan grave, lo que sí está probado es que a muchas mujeres estas hormonas de síntesis les producen dolor de cabeza, aumento de peso, ansiedad o depresión. Afortunadamente, existen algunas plantas que también pueden aportar al organismo femenino los estrógenos que con la menopausia desaparecen, sin que por ello produzcan ningún efecto secundario indeseado. El té, el hinojo, el perejil, las semillas de lino o de calabaza y la nuez, la almendra y la avellana los contienen en cierta cantidad, aunque si hay que destacar una planta por su riqueza en estos estrógenos vegetales -llamados fitoestrógenos-, ésa es la soja. Esta leguminosa que se consume en brotes, queso o leche, contiene isofla-vonas, una sustancia que actúa en el organismo como si fueran estrógenos. Por esta razón en países donde el consumo de soja es muy alto, como China o Japón, las mujeres postmenopaúsicas no suelen sufrir sofocos. Tomar soja con regularidad es una garantía para mantenerse a salvo de las alteraciones propias de la menopausia, pero el problema está en concretar la cantidad exacta que hay que tomar para que sus fitoestrógenos puedan aliviar esas molestias. Esto se puede solucionar utilizando complementos suplementarios de soja en forma de cápsulas -como Phyto Soya, de Ar-kochim, de venta en farmacias- que asegura la concentración exacta de los principios activos de la soja que son necesarios para aliviar esas molestias. Si se quiere pasar de la THS a un tratamiento natural, hay que hacerlo de forma paulatina y con seguimiento médico, aunque los controles ginecológicos posteriores son necesarios en las dos terapias.
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