El estrés provoca en la piel la disminución del número de enzimas encargadas de controlar la producción de los radicales libres, envejeciendo la piel. La consecuencia directa es que la piel no puede absorber ni retener agua en cantidad suficiente y, por lo tanto, la epidermis se deshidrata, pierde turgencia y elasticidad y se vuelve arrugada y con un aspecto, un color y una textura muy diferentes a la original. De esta forma, comienzan a evidenciarse cada vez más los signos del estrés sobre la piel, como los poros dilatados, la presencia de barritos, las profundas ojeras y la piel frágil y opaca, de un tono grisáceo.
Periódicamente y en la manera de lo posible, someta su piel a uno de los tratamientos de gabinete recomendados, por una experta, harán que su piel se recupere más rápidamente. • No fume. Además de ser un hábito nocivo para los pulmones, agrava el problema del estrés.
• Cuide su alimentación. Evite tomar café, beber alcohol y trate de llevar una dieta variada, incluyendo, por supuesto, los alimentos mencionados ricos en vitaminas A, B,CyE.
• Trate de encontrar el origen de su problema. Si usted sabe que determinada situación en particular le provoca un estado nervioso que perdura durante varias horas, trate, en la manera de lo posible, de evitarla.
• Establezca prioridades y encuentre las dimensiones que cada tema tiene de nada sirve llenarse de obligaciones y querer cumplir con todas si, a costa de ello descuidamos nuestra salud física y mental.
• Practique ejercicios físicos. Aunque se trate de una rutina simple y de pocos ejercicios, intente seguirla una o dos veces a la semana. Esto ayudará a aliviar tensiones y a descargar energías.
• Relaje el cuerpo y la mente. Algunas terapias complementarias como la aromaterapia con la utilización de aceites esenciales naturales, la fitoterapia a base de plantas y hierbas o la homeopatía pueden ayudarla a vencer el estrés.
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